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Plata, Buffett y los hermanos Hunt

Cuando en 1980 empecé a trabajar en el mercado, el precio de la plata había tocado los 50 dólares la onza antes de que se colapsara unos días después. Los hermanos Hunt, dos magnates del petróleo con poderosos recursos financieros, estaban detrás de esta subida. En un libro de Stephen Fay (Beyond Greed), el autor escribe sobre este incidente.

Según los datos, Nelson Bunker instó a su hermano Herbert Hunt (y a otros inversores de Oriente Medio) a conspirar para provocar una subida en el precio del oro al comprar alrededor de 280 millones de onzas, (cantidad que según las estimaciones de Fay conformaba el 80% de la producción total minera en 1979) por un valor de 14.000 millones de dólares a ese precio pico. Los Hunt se aseguraron de su actividad quedara encubierta al realizar transacciones bajo otros nombres. Creían en el valor de la plata y deseaban acumular la mayor cantidad posible y a cualquier coste.

Pero esto suponía un riesgo para ellos, porque estaban comprando tanto futuros, como plata física. ¿Era injusto su intento por controlar el mercado? A fin de cuentas, estaban operando bajo las reglas del mercado de aquel momento. Pero la avaricia les llevó a utilizar cualquier recurso para ampliar su alcance.

Después de hacerlo y de saberse que los hermanos Hunt estaban fuertemente apalancados a través de sus estructuradas alianzas empresariales, los banqueros unieron fuerzas con la bolsa de commodities, el Comex, y la Reserva Federal para cambiar las reglas. Una vez las reglas fueron cambiadas, el desastroso colapso del precio de la plata y la destrucción del "reinado" de los hermanos Hunt en el mercado fueron inevitables.

Puesto que cada perdedor en un contrato de futuros tiene su opuesto en un ganador, Bunker Hunt estaba convencido de que los banqueros y reguladores implicados en este proceso se acabaron beneficiando enormemente. Pero sea cual fuese la verdad, los hermanos Hunt habrían tenido mucho más éxito si hubieran recogido sus beneficios más rápido, antes de que el precio que querían alcanzase los niveles que afectaron a la industria y al consumidor medio. En ese punto, las autoridades se involucran para corregir la distorsión.

Puesto que el mercado de la plata es mucho más pequeño que el mercado del oro, la tentación de querer controlarlo es casi irresistible para cualquier gran operador. Incluso si el objetivo final no es hacerlo.

A finales de los '90 se produjo un nuevo surgimiento de las compras de plata física. Empezó a través de una gran firma de trading propiedad de un conocido inversor, Warren Buffet. Su compañía, Berkshire Hathaway (ticker: BRK) acumuló casi 130 millones de onzas desde 1997 hasta principios de 1998. El precio de mercado subió fuertemente cuando se conoció la noticia pero, sin embargo, no fue capaz de imitar el tipo de movimiento de precios que había dejado en shock al público cuando los Hunt hicieron de las suyas unos años atrás.

A pesar de que la cantidad comprada fue grande, la producción de plata también había incrementado desde 1980 y el precio no reaccionó de la misma manera. Además, la realidad económica de la época era la una economía estadounidense en auge, donde la gente sentía una menor necesidad de comprar plata como una inversión refugio.

En general, los participantes del mercado se sorprendieron del movimiento en los preciso de la plata. Pero no rompió ningún récord. Lo único que rompió fue las transacciones de otros inversores. La plata se movió ligeramente desde un poco por encima del nivel de los 4 $/oz hasta casi los 7 $/oz. Algo muy negativo para las fábricas que usan plata y, puesto que tuvo efectos adversos sobre las posiciones financieras de otros gestores de inversión, este precio consiguió llamar la atención de las autoridades.

Uno de estos gestores de inversión era Martin Armstrong de Princeton Economics International, que aparentemente había estado vendiendo en corto en el mercado de la plata. Su negocio se acabó por el constante precio ascendente y de compra que no había predicho. A petición de los investigadores, se solicitó a los grandes participantes del mercado que revelaran sus intenciones. Quedó muy claro que no se había cometido ningún crimen, a no ser que la compra de plata fuera algo ilegal. Pero desafortunadamente para Mr. Armstrong, había abierto la Caja de Pandora.

En el proceso de la investigación se descubrió que el dinero que había utilizado para vender futuros apalancados de plata en corto era de un esquema Ponzi, perpetrado a través de su empresa. Armstrong fue condenado por fraude y encarcelado por muchos años. Ahora es un hombre libre y reclama su inocencia alegando que fueron los peces gordos los que debían haber sido condenados y salieron indemnes.

¿Manipuló Berkshire Hathaway el mercado de la plata o eran simplemente inversores con un interés a largo plazo en este activo tangible? Un punto en común dado para probar las buenas intenciones de su posición era el pequeño tamaño de esta (solo de un 2%) en comparación con el resto de la cartera de BRK. Se dijo que si el precio de las acciones de Coca Cala hubiera caído 5 dólares en ese tiempo, habría supuesto una pérdida mucho mayor que si la plata hubiera caído a un valor de cero dólares.

El punto es que la plata tiene mucho más riesgo de ser volátil y de intentar ser controlada o presionada que su hermano mayor, el oro. La razón principal es el volumen de dinero que hay normalmente en el mercado. Los últimos datos del mercado de metales preciosos de Londres, donde Warren Buffet liquidó sus lingotes de plata para Berkshire Hathaway a finales de los '90, muestran que, como media, el volumen de trading de oro es nueve veces superior al de la plata en valor de dólares. En el mercado de futuros Comex, donde los hermanos Hunt se quemaron tras apalancar su posición con dinero prestado, el valor del interés abierto (el número de contratos sin liquidar) terminó en febrero tres veces más grande para el oro que para la plata.

La liquidez es la referencia para el tamaño del mercado. Cuanta más gente o empresas pongan su dinero en un mercado, más rápido y más fácil será comprar y vender grandes volúmenes sin que el precio del mercado se vea afectado. Puesto que el mercado de la plata es tan pequeño, hay participantes que aceptarán el riesgo de que pueden ganar en el "juego" participando bien vendiéndolo en corto, bien comprando el metal.

Algunos ganan y otros pierden pero solo unos cuantos son lo suficientemente grandes como para causar el movimiento. Pero al final la única razón por la que alguien decide apostar fuerte en el mercado de la plata de vez en cuando es la de ganar dinero.

*Artículo traducido y editado por María Vengut

Miguel Pérez-Santalla fue Vicepresidente de BullionVault América desde 2012 a 2014. Participa frecuentemente en debates y eventos económicos ya que sus treinta años de experiencia lo han convertido en un experto del sector de los metales preciosos. Su trayectoria profesional ha estado siempre vinculada a este mercado: ha trabajado en empresas de compraventa de metales y en refinerías como Heraeus, entre otras.

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